Facetas

El futuro de las ciudades

José Rodríguez Castro

Ante el impresionante crecimiento de las ciudades en todo el planeta, se puede hoy uno preguntar si el concepto de ciudad continuará vigente, y si a pesar de toda una nueva estructura urbanística que rebasa el principio de ciudad se permitirá utilizar con vaguedad este concepto ya antiguo. Para los estudiosos de este tema, conceptualizar el término de ciudad es muy difícil, ya que desde sus orígenes no hay una definición que pueda subsistir indefinidamente.

El principio de ciudad que tiene su origen como forma de asentamiento humano y que se remonta a los principios de la civilización, durante mucho tiempo ha escapado al escrutinio académico, estando a discusión su definición exacta y concreta. Aunque nuevas funciones urbanas se han modificado y a veces sustituido a aquellas que en un principio fueron constitutivas, hay la vaguedad de términos y límites en dónde empieza o termina una ciudad.

Los estudiosos de este tema, muy particular en nuestros días, aseguran que las mejores expresiones de ciudad las ha aplicado un alemán: la polis, metrópolis, megalópolis y conurbación, como serie evidente regional y red regional (regional urban grid) como posibles formas emergentes. Además, se afirma que la descripción adecuada de ciudad no debe limitarse simplemente a su estructura, proceso, estadio de desarrollo y finalidad, sino que debe tratar asimismo algunas características identificadoras que se reflejan en su trazado y su simbolismo arquitectónico. Creo que estas recomendaciones parecen estar ya dadas en la cultura general de ciudad y así la interpretamos quienes vivimos en ella.

Aunque se insiste que existen pocos estudios sobre la ciudad, entre los pocos que aparecieron en el siglo XIX, hay que destacar el de Fustel de Coulanges, La cité (1864); el de Adna Ferrin Weber, The Growth Of Cities in the Nineteeth Century (1899) y el monumental Life and Labour of the People in London (1889-1891) de Charles Boor y sus colaboradores. Los que probablemente fueron los primeros análisis sociológicos sobre la ciudad, fueron los trabajos de Patrick Geddes para la Sociología Society, y no aparecieron hasta 1905.

En un marco general se descartan dos nociones frecuentes sobre la ciudad, a saber: la primera es que la ciudad surgió por una extensión o concreción natural de los asentamientos humanos y la segunda que los cruces de rutas comerciales y la aparición de industrias especializadas hicieron nacer la ciudad como conveniencia económica y la desligaron completamente de su matriz rural.

Las pruebas documentales, desde la fundación de Menfis en el Antiguo Egipto (Prichard 1950-1995, págs. 4 - 5) hasta la planificación de San Petersburgo en el siglo XVIII, establecen el hecho de que las ciudades fueron instituidas como centros de poder real y sacerdotal, y el primer acto de un rey era la construcción o reedificación de un templo para servir como morada del dios que ratificaba y santificaba sus pretensiones de autoridad absoluta.

Debemos de suponer que de los orígenes de las ciudades, sus especificaciones técnicas, sociológicas y económicas hasta nuestros días han cambiado radicalmente y, desde luego, también las posibilidades de que en un futuro no muy lejano la ciudad sea un concepto aldeano y muy reducido, ya que las extensiones de asentamientos humanos son cada día desproporcionados; cada día se van perdiendo los límites tradicionales que debe conformar una ciudad, tanto geo-gráfica como socialmente.

Estas consideraciones nos deben llevar a pensar que las ciudades actuales han dejado de ser eficientes y seguras. Para nadie es difícil saber que vivir en una ciudad no sólo está despersonalizando al ser humano, sino que lo enfrenta a una vida compleja y llena de grandes riesgos para poder disfrutar la comodidad que ofrece la modernidad. De alguna manera el concepto de ciudad no sólo no logra establecerse definitivamente, sino que no llegó a cumplir su función original. Al principio fueron las murallas para protegerla de las hordas enemigas; después delimitaciones geográficas para evitar crecimientos desmedidos y por último, las demarcaciones por estados y países, para controlar el flujo de población.

Después de la ciudad deberá crearse otro modelo más estricto y rígido para que el hombre del futuro pueda no sólo desarrollarse en pleno ejercicio de su libertad, sino que además cuente con los más sofisticados sistemas de seguridad para su persona, tanto en la geografía de su origen, como más allá de un territorio cuando por motivos de estudios, paseos y diversión tenga que abandonar los círculos cotidianos de sus actividades.

Por otra parte la comunicación satelital ha venido a romper las barreras de las fronteras de todos los países y llegamos a la concepción actual de la globalización y con ello una nueva preocupación para ajustar el concepto de ciudad. Con la globalización la ciudad queda sujeta a la identificación de aldea global, lo que quiere decir que definitivamente el término de ciudad ya no es cuestión de delimitaciones geográficas, sino de necesidades que aún no están contempladas en las constituciones de los nuevos estados por nacer.

Ante tan desbordado crecimiento poblacional, las ciudades cada día se convierten en una concentración de masas que no logra controlar el Estado con sus tradicionales métodos coercitivos y este mismo fenómeno está deteriorando no sólo las relaciones con el propio ser humano, sino con su entorno. Prueba de ello es la degradación ecológica que vaticina un desastre universal y pone en riesgo la vida de millones de seres humanos. En los últimos acontecimientos los incendios forestales, pudimos darnos cuenta de cómo los gobiernos y la propia sociedad se vieron imposibilitados para controlar estas catástrofes, que según los expertos, aseguran que las ocasionaron fenómenos naturales imprevistos.

Los especialistas están proponiendo que la concepción de las grandes ciudades, ahora sean reemplazadas por un sistema más complejo, modelado sobre líneas más orgánicas y capaz de una difusión más amplia. Los integracionistas sostienen que en nuestro actual estado de complejidad cultural, se necesita de un orden urbano jerárquico, que se componga de órganos y unidades celulares de tamaño limitado y organizados en serie ascendente, y que disponga de unidades intermedias estables que no sólo reciban directrices y obedezcan órdenes, sino que tengan iniciativa y den respuestas, en una relación recíproca de intercambio (Simón 1962).

La idea de este especialista en población, sostiene que las modernas unidades urbanas individuales quedarán limitadas en tamaño y extensión, resolviéndose el crecimiento mediante una colonización continuada, en lugar de mediante la dispersión o la congestión, a la vez que la cobertura efectiva total de un sistema regional compuesto de dichas unidades será mayor que el de la metrópolis de mayor tamaño.Y agrega Simón que esta pauta jerárquica de unidades pequeñas y grandes, en la que cada parte produce la pauta del todo y está estrechamente relacionada con él, ha funcionado con un éxito político sin precedentes en la Iglesia Católica Romana durante casi 2000 años; en la actualidad, ha sido adoptada por el sistema nacional de préstamos bibliotecarios de Gran Bretaña, por el sistema nacional de filmotecas de Canadá, por la organización de la universidad estatal de California y en el terreno de la mecánica, por la organización de los sistemas telefónicos nacionales y por las redes de energía eléctrica.

Con la organización, dice el sociólogo, se mantendrán las ventajas de la concentración sin que aumente el desorden y el despilfarro. En el nuevo modelo, las ciudades individuales, cuyo tamaño variará, idealmente, desde 30,000 hasta 300,000 habitantes, formarán parte de una red regional con una población urbana de unos diez millones de habitantes, en la que, sin embargo, habrá unidades más pequeñas para satisfacer necesidades puramente rurales o de vida salvaje.

La propuesta es futurista, aunque no precisa con exactitud como resolver la inseguridad que genera el nuevo conglomerado social y que pone en riesgo todos aquellos métodos innovadores para la convivencia pacífica y fuera de todo peligro para disfrutar el mundo moderno del futuro.