Ecología

 

El jaguar
Rey de la selva Méxicana

 

Es un mamífero carnívoro de la familia de los félidos, su nombre común proviene del vocablo guaraní yaguará, y su nombre científico es panthera onca. Este felino, era el animal más temido que habitaba en la tierra para las antiguas civilizaciones que surgieron en México y Centroamérica; tenía un rol religioso muy grande y un simbolismo militar importantísimo. Los Olmecas, primera civilización mesoamericana, son conocidos como "El pueblo de Jaguar", debido a que sus cultos son dirigidos principalmente a dioses jaguares; se han encontrado representaciones fantásticas de figuras felinas, hombres convirtiéndose en jaguares, así como mascarones y otras esculturas con rasgos típicos de jaguar.

 Se explica que todo esto se debe al temor que se le tenía al poderoso felino por su astucia y ferocidad, que ataca al hombre en defensa propia y a otros animales para alimentarse, moviéndose silenciosamente y apareciendo como un fantasma sobrenatural. Así es como el jaguar crea en los Olmecas y demás civilizaciones un complejo de inferioridad y comienzan a respetarlo por medio del culto y la adoración, creyendo que así aplacarían su furia. lo llamaban ocelot, también lo idolatraban. En su religión hablan de Tepeyolohtli, dios jaguar, corazón del monte y señor de las cuevas, que en realidad es Texcatlipoca disfrazado de jaguar. Por otra parte, en el calendario azteca, se pueden apreciar dos representaciones de este felino, la más grande es Ocelotonatiuh o Sol de Jaguar, que indica la época más antigua de los Aztecas, en la que vivían gigantes creados por los dioses, y que desaparecieron al ser devorados por jaguares. La representación más pequeña, indica el día 14º o día ocelot. Una de las órdenes militares más importantes del pueblo Azteca fue la de "caballero Tigre", que en realidad era "Caballero Jaguar", ya que en el nuevo mundo no existieron tigres. También se han encontrado infinidad de ídolos y esculturas que representan al felino, como jaguares agazapados labrados en piedra con el lomo perforado, o vasijas con pies de jaguar que usaban para depositar corazones sacrificados. conoció y se identificó con el felino perfectamente, ya que en la zona Maya fue donde más abundó debido a las características climáticas, ahí fue llamado balam. En la ciudad sagrada de Chichen-Itzá, se encuentra el Templo de los Jaguares, formando parte del juego de pelota, y el templo de los guerreros, donde claramente se puede observar un tablero labrado con "Caballeros Tigres". También se halló en esta misma zona una especie de asiento que representa un hermoso jaguar rojo con incrustaciones de jade. Con estos datos, podemos afirmar que el jaguar habitó una gran extensión al sur de México, tanto en las mesas centrales como en la costa y era un animal abundante. Actualmente se le localiza solitario en las selvas, bosques y manglares semi tropicales y tropicales de México, y nunca al norte del territorio. El jaguar es el mayor representante de los felinos de América; llega a medir hasta 180 centímetros de longitud sin contar la cola, y su peso alcanza los 140 kilogramos. Aunque su aspecto no sea tan esbelto y ligero como el de otros felinos, es un animal sorprendentemente ágil, con líneas elásticas y casi perfectas. La fuerza de este felino es inimaginable, sus extremidades y garras son muy poderosas y las mandíbulas son capaces de romper los huesos de un cebú adulto. El pelaje del jaguar común varía del ocre al amarillo rojizo y presenta manchas irregulares en forma de roseta en color negro con puntos también negros en el interior. La cabeza y la cola poseen manchas llenas, mientras que el pecho y vientre son blancos también con manchas llenas. Existe una especie distinta, conocida como jaguar negro, que a diferencia del jaguar común, presenta manchas negras en un tono brillante que resalta sobre el fondo opaco del resto del pelaje que es café obscuro; al observar esta especie a contraluz se pueden ver con claridad las machas, ya que a simple vista parece un jaguar totalmente negro. Las orejas de ambas especies son pequeñas; el sentido del oído está muy desarrollado al igual que el del olfato y la vista; las pupilas de este felino son redondas y se dilatan extraordinariamente para poder ver en la obscuridad. Al atardecer, una serie de rugidos intermitentes alborotan a los habitantes de la selva; es la señal que indica que el jaguar sale de cacería. Acostumbrado a no cazar a la luz del día ni en noches muy obscuras, el felino sale de su lugar de descanso y trepa ágilmente a un árbol; se agazapa sobre un tronco grueso para evitar ser descubierto. Espera el tiempo prudente a que parezca una presa para echársele encima. También suele arrastrase al ras del suelo rodeando a su presa, silenciosamente, usando obstáculos naturales para esconderse y acechar, hasta llegar al punto exacto y atacarla por el lado ciego. Mata a su presa atestando un fuerte zarpazo en el cráneo o rompiendo la columna vertebral en el área del cuello. Ya que hizo lo mas complicado, el jaguar arrastra a su presa cruzando ríos y maleza hasta un lugar seguro para comer. También se les ha visto cazando tortugas y cocodrilos dentro del agua. Fuera de ella, cazan ciervos, tapires, pecaris, osos hormigueros, monos, aves y cualquier animal que se cruce en su camino como animales domésticos, que abundan en las menguadas selvas del sudeste Mexicano. El jaguar no caza solo por matar, ataca una sola presa para alimentarse, y en caso de que sea un animal muy grande, devora una parte y descansa lapsos de una o dos horas en los densos matorrales bajos cerca de un río; pero siempre atento a cualquier sonido extraño para después consumir otra porción del animal muerto y abandonarlo a otros animales aunque todavía tenga suficiente carne para volverlo a alimentar. Al saciar su hambre, el jaguar no ataca, simplemente curiosea con los demás habitantes de la selva, ya que conoce su superioridad, y sus únicos enemigos naturales son las piaras de pecaris que se defienden encarnizadamente al saberse superiores en número y las peligrosas serpientes venenosas que rara vez les causan la muerte con su veneno. Este felino no se encuentra catalogado como "come hombres", es un animal pacífico y parece que se divierte al seguir exploradores sigilosamente y aparecerse ante ellos de repente sólo por curiosidad; pero si se acosa o se hiere al animal, reacciona agresivamente como cualquier animal silvestre. Al percatarse de la existencia de actividad humana, como tala y construcción, la evita y se refugia en los lugares más inaccesibles de la selva. El jaguar es un animal solitario y no tiene residencia fija, es nómada y llega a recorrer hasta ciento cincuenta kilómetros al año; siempre evitando climas fríos. Al pasar por zonas inundadas, viven en los árboles y nadan en busca de alimento, también acostumbran afilar sus garras en troncos, y dejan rastros de corteza destruida y profundas marcas en los árboles. Se les ha llegado a encontrar en playas vírgenes devorando tortugas marinas o simplemente merodeando a la orilla del mar. En estas largas caminatas, no es raro que se topen con otros jaguares, con los que en algunas ocasiones, pelean para defender su actual territorio de caza, pero en caso que se topen hembra y macho en época de celo, forman una juguetona pareja y buscan un lugar ideal para procrear: una cavidad natural con tragaluz y siempre cerca del agua. Después de tres meses de gestación, nacen de una a tres crías al año, y mientras éstas son cuidadas por la madre, el padre caza para alimentar a toda la familia, hasta que las crías pueden cazar por sí solas y ser independientes. En este momento, la familia se desintegra y cada miembro sigue su propio camino. La población exacta de jaguares que habita en la selva mexicana se desconoce, pero se sabe que está en serio peligro de extinción, debido a la cacería furtiva, a la desmedida y desordenada destrucción de su hábitat y al trampeo. El jaguar es uno de los animales más espectaculares de la fauna mexicana y fue uno de los más significativos para las antiguas culturas mesoamericanas; resulta imposible creer que un animal que en el pasado era considerado un Dios, hoy en día sea cazado y trampeado.