Facetas

Las películas en Blanco y Negro

José Rodríguez Castro

Fueron tiempos gloriosos aquellos cuando sentarse frente a una sala cinematográfica no sólo tenía como propósito disfrutar una historia, la actuación de actores, sino también llenarse los ojos con la magia de la fotografía que resultaba ser toda una obra de arte. Aquella fotografía que hoy parece mostrar nuevamente su rostro como intentando redescubrirse y que quizá las nuevas generaciones creen ver alguna novedad en ellas, cuando por casualidad tienen oportunidad de apreciarlas.

Las películas mexicanas en su pleno esplendor de oro fueron en blanco y negro. Y lo son aún cuando se aprecian las técnicas que se usaban para darle fuerza a las escenas, nostalgia a los gestos y candidez a las expresiones. Luces claras y grises daban esplendor a los paisajes. El sol era blanco, tan blanco como una hoja de papel, sólo se expresaba su orientación a través de las sombras de los árboles y las montañas, los caseríos y los templos con sus campanarios.

A pesar de que nos encontramos en los albores de un nuevo siglo, el cine en blanco y negro parece que no dejará de existir como una fuerte expresión del arte. Aún cuando los colores pueden ser fieles interpretaciones de la realidad, no alcanzan a las imágenes en blanco y negro. Parece que el color ya no deja nada a la imaginación, la técnica de la fidelidad es cada día una mayor exigencia. Y se logra majestuosamente. En cambio la fotografía en blanco y negro requiere de mayor imaginación y pulcritud, llevando siempre al espectador a darle mayor vuelo a su imaginación.

La nostalgia toma mayor fuerza en blanco y negro. Los gestos suaves de las miradas tienen múltiples interpretaciones. Hay una profundidad en la expresiones. Los objetos cobran otro aspecto a la realidad. Es algo curioso que estos dos colores logren interpretar otras dimensiones. Algo que los multicolores no pueden escenificar.

Las películas en blanco y negro están llenas de milagros, desde su concepción hasta la forma que fueron realizadas en su totalidad. Cómo se llegó a captar una lluvia con naturalidad con dos colores, mientras las luces provenientes de un cielo de ficción las convierte extrañamente en cristal. El blanco y el negro obligan a la imaginación.

Los personajes mexicanos reafirmaron su carácter a través del cine en blanco y negro. Los hombres de recia personalidad cobraban vigor y fuerza por las formas como manejaron las cámaras, las contraluces, los obscuros y los grises, porque eran los recursos de los dos colores, pero que con ingenio multiplicaban las posibilidades.

Fue en blanco y negro como se proyectaban los besos que hicieron época en el cine, los contornos de cuerpos eróticos; los ojos encendidos que hablaban de amor; rostros bellos y labios sensuales que con cuidadosos reflejos de luz lucian húmedos y rozagantes; pieles de porcelana; cielos y nubes que embellecían majestuosamente el paisaje campirano o la majestuosidad del mar.

Pero el cine en blanco y negro ha quedado como la mejor forma de interpretar al fuerza de carácter humano. La fiereza no puede ser mayor cuando los claros obscuros son intensos. Hace que los ojos sean más profundos, expresivos y chispeantes. Los gestos se endurecen de tal manera que parecen de acero. Las siluetas naturales pueden ser tan delicadas como feas y desagradables.

El misterio y el terror tienen en el blanco y negro su mayor expresión. Las películas de suspenso fueron en aquellos tiempos las más extraordinarias. Entre los profundos claros y obscuros aparecían los personajes de terror donde sólo eran sombras y ojos que daban pánico. Eran escenas donde lo negro era la superioridad. Los rayos finos de luz apenas se filtraban en los salones o en la recámaras. En los exteriores sólo la luna daba prueba de una vaguedad de claros que, finalmente, no eran suficientes para la luz entera o las escenas de miedo. Pero la música también era la excelencia. Ayudaba a los blancos y negros a darle más fuerza y terror.

Las películas en blanco y negro cuando hoy tenemos la oportunidad de verlas, tienen mayor nostalgia que una a todo color por muy antigua que ésta sea. Tal vez sea porque los dúo tonos nos llevan a sentimientos marchitos. La ciudad de México por ejemplo, en aquellos años del blanco y negro, parece más pequeña y atractiva que la de ahora. Tenia con el blanco y el negro una mayor humanidad en sus calles y daba aspecto de limpieza y amplitud afectuosa.

Los personajes que vemos desfilar por las calles y los vehículos le dan la vista una sensación de armonía. Parece que todo está empezando en la vida de la ciudad, y el cielo con sus grandes nubarrones blancos, nos hace pensar en los mejores tiempos de esta gran ciudad que parece hoy haber perdido contacto con la naturaleza.

Los rostros de las mujeres en blanco y negro, gracias a las películas de entonces, eran más naturales y sus ojos no tenían tantos arreglos como los de ahora. Sus pasos tenían más ritmo cadencioso y sus sonrisas eran menos fingidas. Los sombreros les daban aspecto de una feminidad extraordinaria, junto con sus peinados y cabellos sueltos.

Los campos de México parecían estar muy cerca de la ciudades. Quizás era el blanco y el negro que le daban aquella semblanza de sentimentalismo y rigor de fuerza transformada. Con ellos los técnicos del cine pudieron utilizar toda su imaginación para darle movimiento y atracción.

El sol parecía ser el mejor elemento para aplicar miles de efectos entre los personajes y el paisaje. La técnica de la cámara dirigida por magistrales directores podía ofrecer imágenes que conmovían a los espectadores. Las sombras largas sobre las paredes y el piso hacían que las figuras se movieran con mayor sigilo de forma extraordinaria.

Fueron entonces las películas en blanco y negro las que han dejado un arte inolvidable en el recuerdo de los espectadores. Colores que ahora la televisión y algunas películas tratan de volver a utilizar para darles efectos de modernidad a sus imágenes, las que, quienes conocemos el extraordinario arte de estos dos colores sabemos que es un intento de regresar al pasado sin mayores éxitos. La multiplicidad de colores le ha ganado terreno a todos los tiempos. El blanco y el negro sólo dan hoy un aspecto de nostalgia que muchos viven a través de los recuerdos.

Afortunadamente aún se pueden disfrutar aquellas películas donde las sombras tenían una gran presencia en las escenas de amor y tragedia. Y quizá porque existe público para ellas, alguno que otro canal de televisión se atreve a darle un poco de su espacio. No pasará mucho tiempo, tal vez, cuando finalmente se decidan a dejarlas de exhibir y entonces ya no serán asunto de reflexión y meditación en blanco y negro.